Súcubo
Me susurras al oído fantasías extrañas. Con sorpresa descubro cuáles son tus perversiones, oscuros y húmedos deseos irracionales, morbosidad lasciva. Me comentas en un hilo de voz, mirando tras de mí, oliendo mi cuello y mordiendo a ratos el lóbulo de mi oreja, agujereada y atravesada por numerosas argollas. Me dices que deseas a toda costa que te traten como a una puta, que te aten el cuerpo entero, dejándote inmóvil, que jueguen contigo. Que te golpeen una y otra vez, con látigos y fustas. Que te penetren el culo sin compasión, que luego te metan una vara de hierro candente, que ansias oler la carne quemada y sentir el calor intenso. Que desesperas por recibir puñetazos en el vientre, que cojan tus pechos y los maltraten, que pellizquen tus pezones y retuercen con fuerza, que cojan cuchillas y dibujen caprichosamente sobre tu espalda, que luego te amputen los brazos y te follen duro, que te hagan fisting anal con uno de tus brazos amputados, para luego correrte de lo lindo sintiendo la cabeza embotada por la falta de sangre. Que desgarren tus pechos con garfios, te abran en canal y te saquen las tripas, mientras te cagan en la cara y te comes la mierda. Que te empalen como a una cerda. Que te follen el culo y usen las heces como lubricante, que luego te follen fuerte la boca lamiosa y se te meen dentro, sin sacarla. Que te cuelguen bocabajo de los pulgares y despellejen tu cuerpo, mientras te meten la cabeza entera en aceite hirviendo. Que deseas sentir cómo el ácido quema y destruye tus músculos. Que te sientes sucia y mezquina, y no deseas otra cosa con más fervor, que tu cuerpo arde al imaginar.
Me suplicas una y otra vez, pidiéndomelo por favor, absorta en las ideas
que avasallan tu pobre y enfermo cerebro. Te refriegas contra mi cuerpo
deforme, como un súcubo maligno, tocando el minúsculo paquete escondido bajo mi
enorme panza, intentando producirme la erección que nunca tuve, tanteando y
jugando con mis pequeñas avellanas, besuqueándome mi fofa cara derretida por la
elefantiasis, buscando con la lengua una boca enterrada en capas de tejido
inflamado. Pellizcas mis peludos pezones endurecidos por tu aroma mientras
siento los tuyos contra mi frente, inhalas el hedor de mis axilas, magreas mis
nalgas gordas y celulíticas. Te metes mis rechonchos dedos en la boca y luego
los conduces a tu ardiente humedad.
Que apenas puedo ver cómo eres, que a duras penas puedo respirar, ni
moverme, siquiera hablar. Que estoy enterrado por mi propio cuerpo en continuo
crecimiento mutagénico. Que soy mi jaula y mi tumba.
Ininteligiblemente y como salidas de una cámara sellada, escupo las
palabras, te digo que no podrías haberte buscado a la persona peor indicada.
Me dices que te excito, que idolatras mi fealdad, que te abstraes en mi
forma y mi hedor. Que no te equivocaste al elegirme, que tiene que ser en esta
noche de solsticio.
La hiel brota de mis derretidos labios, espumeando blanco, moqueando verde,
lagrimeando ante el acto imaginado. Tu lengua humedece y recoge mis fluidos. Me
siento fuera de mí, en otro lugar, extasiado por el contacto ansiado. Noto como
fluyes cálida bajo mis dedos, oyendo tus gemidos contenidos junto a mi oído,
abrazada a mi rasposa, endurecida y peluda joroba. Explotas e impregnas mi
cuerpo con la humedad de tu placer.
Y en el frenesí, de pronto desapareces y caigo por inercia, ingrávido,
sintiendo el helado viento cortante contra mi cuerpo entero. Y golpeo contra
rocas afiladas, y desgarro mi deformada materia corporal, ensangrentándome,
diluyéndome al aumentar la presión, y ya sin aliento, al fin, siento que
reviento, esparciéndome en múltiples elementos, atravesado por estacas oxidadas
del fondo de un valle oscuro, mezquino.
Sombras borrosas rodean mi agonizante y maltrecho empalado e indefenso ser,
desgarrándome vivo, descarnando mis formas caprichosas con venenosos dientes,
sintiendo el calor abrasivo de sus fauces voraces, sus lenguas lamiosas que
saborean mi carne y mi sangre, alimentando a aquellos que moran más allá
del Mar de Niebla, a las orillas del Inframundo, aulladores sarnosos podridos
demoníacos, los Perros de Tíndalos.
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