Súcubo
Me susurras al oído fantasías extrañas. Con sorpresa descubro cuáles son tus perversiones, oscuros y húmedos deseos irracionales, morbosidad lasciva. Me comentas en un hilo de voz, mirando tras de mí, oliendo mi cuello y mordiendo a ratos el lóbulo de mi oreja, agujereada y atravesada por numerosas argollas. Me dices que deseas a toda costa que te traten como a una puta, que te aten el cuerpo entero, dejándote inmóvil, que jueguen contigo. Que te golpeen una y otra vez, con látigos y fustas. Que te penetren el culo sin compasión, que luego te metan una vara de hierro candente, que ansias oler la carne quemada y sentir el calor intenso. Que desesperas por recibir puñetazos en el vientre, que cojan tus pechos y los maltraten, que pellizquen tus pezones y retuercen con fuerza, que cojan cuchillas y dibujen caprichosamente sobre tu espalda, que luego te amputen los brazos y te follen duro, que te hagan fisting anal con uno de tus brazos amputados, para luego correrte de lo lindo sintiendo ...