Garrulería y Oligofrenia

 - ¡Mecagüenlavirhen! – Echó a correr cagando leches. La máquina trituradora de carne había atrapado el cuerpo cadavérico de una vaca, y sus muelas circulares de acero grueso, que formaban parte del enorme tornillo sin fin, machacaron los huesos, la carne y las tripas llenas de mierda, que salió disparada hacia arriba y caía sobre el suelo en forma de meteoritos infectos eructados por la presión. – ¡Vaya reventón a metío compadre!

 

Desde la cabina de la pequeña excavadora su colega Pepe Hostia levantó el pulgar asintiendo con la cabeza, sonriente.

 

- No t’a enterao de ná io. 

 

En ese momento se abrió la portezuela de la excavadora y se oyó la voz de su compadre, a la vez que sacaba su cabeza calva y grasienta.

 

- ¿Que ise? ¡Que no mentero coño!

 

- ¡Que tu mujé la tiene mu grande! ¡É coña cojone! ¡No te menfade Pepe Hottia! Que igo que pa que cojone é to esa carne de animalico muerto. Que nontiendo pa que jasei etto. De tolavidadió sa aproveshao er cuero y la carne. ¡Jombre digo yo, que ji tencuentra ar jamelgo to podrio en mitá la dehesa é normá que po lo meno lontierre! ¡Mencomprende o nó! ¡Que a qué viene molé to etto cadavere, que ya no je jabe si é oveja o caballo, o serdo o hiena!

 

- Illo mu fasi don Euttaquio, to etto deppué lo metemo en saco y lo de Purina vienen y se lo llevan pasé pienso, que deppué se lo dan a laj vaca y lo gorrino. Menttiende ya o no cabesa.

 

- Coño no me joa Pepe, quel’ pienso viene de toa etta mierda.

 

- Y de donde si no cabesa chorlito, te farta neurona desa serebrale, que tiene toa la cabesa llena cagarruta cabra.

 

- No te pase que la vamo a tené compadre, que yo te tengo en ettima pero que en un momento te cruso la cara de una majcá y le hago honó a tu nombre.

 

- Tu jabe que ottia no é mi apellio jino mi apóo, ajin que no te me ponga shulo que aquí er que reparte leñña soy yo, ji no preguntale a tó lo mamone que he dejao lisiao en silla rueda.

 

- Ettemo en pa cojone. Me voy de güerta ya que mettá dando to’lajco der mundo con tanto joló a matansa y a podrío. Me voy ya con la Tecla que bien seguro que meppera con er pushero en la mesa.

 

- Enga condió Euttaquio. - Cerró la portezuela y reculó hasta el montón de animales muertos. Dio media vuelta, eligió a un caballo pardo que tenía la lengua fuera caída sobre el carrillo izquierdo, sin tono muscular alguno. La piel aparecía apagada y con restos de putrefacción con zonas hinchadas y el pellejo apergaminado. Bajó la pala, aceleró, atrapó el cuerpo, frenó y subió la pala. Dio media vuelta despacio y aceleró, dirigiéndose hasta la Haarslev. Posicionó la pala con la carga sobre la trituradora y pulsó el botón de descarga. La pesada pala cayó al momento dejando caer al caballo.

 

Lo más raro vino después, cuando pudo ver cómo un torso humano ensangrentado agitaba las manos como un náufrago siendo engullido por un torbellino, mientras se movía como mecido por unas fuertes olas. De su cara salía un tubo hasta una de sus manos que agarraba algo parecido a una bombona metálica.

 

- Pero que cojone é eso. No, ¡Si paese un tío! ¡Mecagüensuputamae! – Abrió la portezuela y se bajó corriendo, escuchando el potente motor y los chasquidos de las muelas machacando los gruesos huesos del equino. Cuando llegó al panel de control ya apenas se distinguía nada, había dado tiempo de sobra para que se consumiera el cuerpo entero del animal, y únicamente había quedado medio cráneo distinguible, junto a una pata que emergía entre un montón de pulpa y pellejo rojo oscuro y marrón.

 

Llamó a la policía y a su mujer.  Cuando más tarde le tomaron declaración, nadie lo creía:

 

- Ya se lo he disho, cuando tiré ar caballo a la trituradora salió un tío con una cosa en la boca y en la mano… Una espesie de bombona butano pero má shica, que le salía un tubo de la boca, como lo que usan los buso en lo documentale de la dó.

 

 - ¿Podría describir su aspecto general?

 

- Ettaba desnúo, to ensangrentao, er pelo creo que lo tenía negro y corto, igual encuentran argo ahí dentro – Señaló el enorme recipiente, alrededor del cual los bomberos y unos cuantos policías estaban husmeando.

 

- Sí, ya creo que lo haremos. Fírmeme esta orden de retirada de muestras, debe saber que por ahora esta máquina no debe usarse hasta que le demos permiso. Y olvídese de las ganancias por la carne triturada hoy. Pensamos llevárnoslo todo para su análisis en laboratorio.

 

- ¡Pero qué coño dise! ¡¿Que se lo van a llevá tó?! ¡Ar meno llévense la parte má superfisiá, que debajo no van a encontrá ná, cojone, a ve si mentiende utté, que uno lleva asquí to er día con la eccavadora p’arriba p’abajo y ahora, y tó por un retrasao que sa metio ahí dentro, me voy a quedá yo sin la paga!

 

- ¿Entiende usted lo que es una orden judicial? Tendrá que cerrar el negocio por un tiempo. También vamos a examinar a los otros animales, vaya a ser que también vengan con premio. ¡Ah! Se me olvidaba, aquí le dejo la multa por no tener al día las condiciones sanitarias adecuadas. No sé cómo no se da cuenta usted del olor infrahumano que hay aquí.

 

Pepe Hostia leyó la notificación, y se llevó las manos a la cabeza, a la vez que se ponía rojo.

 

- ¡Pero qué cojone! ¡Me cago en mi vía! ¡6000 euro de murta! ¡Lo llego a sabé y no llamo a naide, cojone, que lo ise con toa la buena intensión y ahora me crujen con serrá er negosio y ademá pagá etta suma de dinero! ¿Por qué cojone no le robai a lo rico y no dejai a lo pobre tranquilo? ¿Eh?

 

- También procederemos a denunciar a la empresa a la que vende la carne por comprar producto en mal estado y venderlo como si nada. Que manda huevos, la revisión se la hicieron hace 3 años y ya le llamaron la atención. Lo que no me explico es cómo ha podido usted seguir trabajando todo este tiempo sin recibir ninguna visita de los de sanidad.

 

- Coño, por qué va a sé. Uno que le da talego por lo bajo pa que se callen la boca, o que se cree utté.

 

- No me diga… Gracias por su honestidad. Nos iremos en breve, y no sé por qué, pero pienso que volveremos a vernos las caras. Hasta entonces.

 

- (Será hioputa… Vete a tomá por culo grandísimo hio e perra, que no pienso pagá un carajo, ni a ti ni a tu puto ettao ladrón de lo cojone, mal aire te dé cacho mierda empalá). 

 

Se fue de allí y se metió en la pequeña garita que hacía las veces de oficina de su pequeño negocio, situado en una pequeña nave industrial alquilada. Como tenía una granja con bastantes animales, cada vez que se le moría alguno, procedía a triturarlo y vendérselo a la empresa de piensos. Así se sacaba un dinero extra, y el negocio no iba mal… Hasta hoy.

 

- (Seré borrico, no, si ledicho en toa la cara lo de lo negosio susio que hago con lo de la inspensión… A vese no sé dónde tengo la cabesa... Y ¿Quien demonio era el tío ese que salió como un pejcao malparío de la víssera der jamergo…?).

 

*

 

Tres horas antes, justo cuando estaba amaneciendo, Antonio “el Tuerto” encontró fallecido a su querido caballo Rucio. Estaba muy ligado a él, había sido el regalo de su tío Pepe, pero ahora estaba pudriéndose, tirado entre el centeno, frío como una estatua de bronce. “Debe haberla palmado esta noche, con la helada…”. Ayer estuvo buscándolo, pero el muy cabrón se había largado al galope, en pos del rastro de una hembra. “Seguro que quiso volver, pero le cayó encima toda la niebla, al muy gilipollas”. 

 

Llevaba un tiempo pensando en quitarse la vida, pero no se decidía por ningún método. Había tantas opciones para espicharla que… Pero ahora, con su mejor amigo muerto, ya sabía qué hacer. 

 

Se fue a casa y cogió el equipo de respiración de cuando se apuntó al grupo de submarinismo en el campamento de la playa. Estaba guardándolo por si volvía el verano siguiente, pero ya le daba lo mismo. Cogió también su cuchillo de caza, una pala, material para coser, una linterna y unos cuantos periódicos. Se lo llevó todo junto al cadáver, y puso los periódicos lo mejor que pudo bajo el animal y junto a él, por la zona del vientre. Procedió a cortar a lo largo el vientre, removiendo los órganos internos y tirando de los tejidos hasta que estuvo vacío por dentro. 

 

Buscó una carretilla y con la pala metió las vísceras y los periódicos sucios dentro, y se lo llevó bien lejos, dejándolo por ahí tirado junto a la pala y sus ropas. Después volvió desnudo junto al cuerpo y se metió dentro con el equipo, y con ayuda de la linterna fue tirando del pellejo y cosiendo los pliegues poco a poco, hasta que estuvo todo cerrado. Al final, se echó sobre la zona remendada para que no se vieran los puntos desde fuera. 

 

Acabó quedándose dormido y despertó asustado en una oscuridad inmensa al sentir un fuerte golpe sobre algo que se movía como la cubierta de un barco en una tempestad. El ruido era infernal. Inmediatamente sintió con gran dolor cómo unos dientes enormes devoraban su cuerpo.

 

La luz se hizo de pronto, pero ya era demasiado tarde para echarse atrás.

 

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